viernes, 27 de mayo de 2016

Reequipación Torca de la Garma del Bucebrón

Participantes: Gabri, Carlos Heras y la que escribe, Pilar


Una de las actividades estrella durante el campamento de Semana Santa con el AEM Trasmiera era la reequipación de la Garma de Bucebrón para poder finalizar unos trabajos topográficos en dicha sima. El primer día del campamento, con las pilas cargadas y los ánimos bien altos, un grupo formado por cuatro espeleólogos nos aventuramos a la reequipación. La idea era avanzar todo lo posible, siempre cumpliendo un horario de salida que nos permitiera socializar un poco al terminar. Las últimas nieves caídas llegaban incluso hasta la boca, algo nos decía que habría demasiada agua en su interior...y así fue, después de cambiar las cuerdas y los anclajes de la entrada que se encontraban en un estado preocupante (preocupante por la afluencia de visitas que la sima había tenido en los últimos tiempos estando los anclajes en ese estado) decidimos abandonar la reinstalación a la mitad del pozo de 60 m, aproximadamente a -150 metros, debido a la cascada de agua que por bajaba por el mismo. Dejamos allí el material que llevábamos para continuar y se quitó la última cuerda dejando parte de la sima desequipada.

Este puente de Mayo, como íbamos a estar varios días por Cantabria, decidimos utilizar uno de ellos para terminar este trabajo (no nos gustan las cosas a medias, :)), así que nos pusimos en contacto con el AEMT para que nos dejaran el material que deberíamos utilizar para continuar con la equipación. En esta ocasión no podía hacer mejor tiempo, las nieves se habían ido y seguramente se encontraría todo seco. Como siempre, cargados como mulas, entre tres personas porteamos de un solo viaje todo el material hasta la boca del Bucebrón.


Tras un descanso y después de equiparnos, comenzamos a bajar por las cuerdas nuevas.


Rápidamente llegamos al pozo de 60 m donde nos habíamos quedado la última vez. En este punto la torca toma grandes dimensiones, las paredes se alejan y los pozos se hacen más profundos e impresionantes.


Después del pozo de 60 m, descendemos un pequeño pozo de unos 11 metros y nos aproximamos al siguiente de 80 metros que comienza en un pequeño pasamanos. Un desviador te sitúa en el centro del gran pozo. Carlos va delante, quitando anclajes viejos y cambiando cuerda, intentando no perder la cuerda que quita para tener la referencia del siguiente anclaje, y evitando así los péndulos. Es sobrecogedor ver en qué estado se encuentran algunos anclajes y más cuando un espesor negro se abre sobre tus pies.


Una vez en la base del pozo, recogemos la cuerda vieja y avanzamos hacia el siguiente, de unos 40 metros. Carlos hace malabares con las cuerdas y los anclajes que disponemos para tener suficiente material de instalación para toda la sima. Tras bajar este pozo y un pequeño resalte de 3 metros con las paredes algo descompuestas, damos con el meandro.


Al principio entramos en él algo desorientamos, encontramos cuerdas en fijo que protegen algún paso complicado y un largo pasamanos sobre una zona desfondada. Las paredes están repletas de formaciones...


...y de una especie de espuma blanca...parecía como si hubiera estallado un bote de espuma de afeitar.


Por fin, encontramos la continuación hacia el último pozo de 90 metros que nos sitúa en las galerías de Cueto. La cuerda de la cabecera se encontraba en el alma. Carlos comienza a cambiar cuerda mientras Gabri y yo esperamos en la cabecera. Aunque la forma de este pozo no impresiona tanto como los demás, cuando la luz de Carlos se va alejando, comenzamos a ver las dimensiones del mismo. El eco de su voz nos da una idea de la amplitud y de que nos aproximamos a las grandes galerías del Cueto. 


Se hace tarde y empezamos a quedarnos sin anclajes, así que Carlos decide abandonar la reequipación a mitad de pozo a aproximadamente -430 m de la superficie.

En unos minutos nos reunimos los tres, eran las 18:30, así que comenzamos sin prisa pero sin pausa nuestra peregrinación hacia la calle llevándonos en las sacas ahora vacías, la cuerda vieja que habíamos ido quitando en el camino. Libre tras libre vamos recorriendo tramos de cuerda hasta que 4 horas y media después salimos de la torca. Una niebla espesa nos acompañó hasta los coches, y una sensación de satisfacción a la vez que de cansancio nos recorría en cuerpo, la siguiente vez que se entrara ya se podría llegar al fondo fácilmente, hacer los trabajo de topografía y salir desinstalando. Ahora tocaba celebrarlo y descansar, además de grandes momentos nos habíamos llevado una gran paliza :).